miércoles 8 de julio de 2009

Alivio para el espíritu


En el clip 'Epilepsy is dancing' (Antony & the Johnsons), que incluimos como entrada más abajo (y ahora justo encima), una mujer sufre un ataque epiléptico y, en medio de convulsiones, comienza a experimentar unas sensaciones fantásticas (envidiable el rato que pasa bailando y retozando con esa especie de faunos, qué gozo). La historia que cuentan tanto Antony como los hermanos Wachowsky (que son los directores) en ese vídeo no es irreal, sino que está basada en algunas visiones que experimentan algunas personas que han vivido un episodio de esas características. Normalmente se relaciona un ataque epiléptico con un momento dramático, pero no siempre es así. El neurólogo Oliver Sacks trata este asunto en el capítulo 'Reminiscencia' del libro 'El hombre que confundió a su mujer con un sombrero' (Muchnik Editores), donde, para ilustrar al respecto, cita a Fedor Dostoievski:
Todos ustedes, los individuos sanos, no pueden imaginar
la felicidad que sentimos los epilépticos durante el segundo
que precede al ataque... No sé si esa felicidad dura segundos, horas o meses, pero créanme, no lo cambiaría por todos los gozos que pueda aportar la vida.

Sacks habla en ese capítulo de un caso, el de la señora O'M, a quien los ataques resultaban agotadores y tediosos, mientras que a la señora O'C "le parecían un alivio para el espíritu" pues le proporcionaban "un sentido de realidad y de vinculación psicológica" con su infancia, dadas las visiones que tenía. Mientras O'M quería tratamiento, O'C rechazó los anticonvulsivos: "Necesito que esto siga", rogaba a su médico. La señora O'C "conocía, en sus ataques, una felicidad extraordinaria", que "a ella le parecía el apogeo de la cordura y la salud... la clave misma, la puerta en rigor, de la salud y la cordura. Así pues sentía su enfermedad como salud, como curación", explica Sacks.
O'C vivió un periodo de "tristeza y miedo" cuando los arrebatos epilépticos desaparecieron. Eso sí, cuenta el neurólogo que aquella experiencia le aportó una "serenidad" que no había alcanzado hasta entonces y que "persistió" el resto de su vida. Posiblemente como a la protagonista de 'Epilepsy is dancing'.